Cien horas con Fidel

Blog sobre el libro “Fidel Castro: biografía a dos voces” o “100 horas con Fidel” de Ignacio Ramonet

Saturday, July 08, 2006

Fidel, una vida en Cien horas

Otra vez la historia se abrió bajo la sombra del Algarrobo que hermosea en medio del patio donde está la casona de Birán.
Volvió la palabra en evocación del recuerdo a recorrer los senderos y anchurosos caminos del batey donde crecieron los hijos de Ángel Castro y Lina Ruz, para darnos una nueva entrega en 26 capítulos de los acontecimientos recogidos en "100 horas con Fidel".
http://www.ahora.cu/SECCIONES/cultura/2006/mayo/18-05-2006-g.htm

Saturday, June 17, 2006

Fidel Castro : Biografía a dos voces disponible ya en Amazon

Fidel Castro : Biografía a dos voces por Ignacio Ramonet
Disponible en Amazon.
http://www.amazon.com/gp/product/0307376532/102-5175570-2350561?v=glance&n=283155

Thursday, June 01, 2006

Ediciones en español, francés, italiano e inglés

Ramonet dijo que hay planes para añadir alemán, ruso, polaco, coreano, japonés y otros idiomas a las ediciones en español, francés, italiano e inglés (estas últimas a cargo de Mondadori y Penguin Books, respectivamente). De la edición cubana dijo que cuenta con 50 mil copias que se venderán a 25 pesos y algunos ejemplares a 15 pesos cubanos convertibles para visitantes extranjeros. En comparación, la edición española cuesta 23 euros, puntualizó.

http://www.cubaperiodistas.cu/000_INFO/850.htm

Tuesday, May 23, 2006

Nuestra sociedad va a ser enteramente nueva



Fragmentos del Capítulo 26 ¿Después de Fidel, qué?, del libro "Cien horas con Fidel", de Ignacio Ramonet. Quisiera que hablásemos ahora de la situación interior en Cuba. En todos los países hay gente descontenta, y en Cuba también, y parece que usted tenía el hábito, regularmente, de sentir los problemas de la vida cotidiana de la gente y ser el primero que los expresaba en sus discursos, que tal cosa no funcionaba, tal otra cosa había que mejorarla, y la gente encontraba, precisamente, en sus discursos la expresión de lo que ellos sentían. Y parece que desde hace algún tiempo usted ya no expresa lo que no funciona en la sociedad cubana, en sus discursos, y mucha gente añora su papel de «opositor número uno» de este país. Es verdad que he sido opositor número uno, no del país sino de los errores, de las cosas que están mal hechas. Pero nosotros tenemos ahora métodos que nos permiten conocer, así como con un microscopio, los estados de opinión. Hay que reconocer que en nuestro país la gente tiene hábito de expresarse con libertad, tiene en su tradición eso, expresa las críticas. Nosotros llevamos varios años recogiendo las opiniones espontáneas después de cada acontecimiento, y hay opiniones adversas. Hay además la instrucción, como dije, de que cada una de las opiniones adversas debe aparecer. Nunca leo las opiniones que tienen una relación conmigo, porque pueden ser muy elogiosas, y sería pesado, desagradable, vanidoso, leerlas. Me preocupa, incluso, cuando son solo algunos miles los que no están conformes. Basta que, por ejemplo, 16 mil personas tengan una opinión adversa y usted debe preocuparse, no por el porcentaje, realmente, pero pueden ser opiniones críticas o puede tratarse de alguna opinión de gente francamente enemiga, que no piense, no simpatice con la Revolución. Uno lo sabe porque cuando dicen: «Esto puede haber costado muy caro», o «Tal emisión de televisión debe hacerse así o asao», no son opiniones de enemigos; aunque también están las que son de los enemigos: «Se habla de esto y no se habla de la comida», «Se habla del problema tal y no de este». Es decir, la información sobre los estados de opinión es total, amplia, está guiada por la preocupación de reflejar las opiniones tal como son. Todo lo que sea negativo se pone. Hay que preocuparse, y muchas veces esas opiniones adversas ayudan; son muy espontáneas. Ahora, realmente yo soy más crítico, más implacable. Hay que ver las cosas que digo. Y las he dicho públicamente. Precisamente, en una intervención el 17 de noviembre de 2005, usted declaró una «guerra sin cuartel» a algunos males que corroen el país —la pequeña corrupción, el robo al Estado, el enriquecimiento ilícito—, que hasta ahora no se habían denunciado de modo tan severo públicamente. Sí. Nosotros estamos invitando a todo el pueblo a que coopere con una gran batalla, la batalla contra todos los robos, de cualquier tipo, en cualquier lugar. En eso pensamos más que en ninguna otra cosa: en nuestros defectos, nuestros errores, nuestras desigualdades, nuestras injusticias. Estamos envueltos en una batalla contra vicios, contra desvíos de recursos, contra ciertos hábitos generalizados. Sí, estamos frente a una gran batalla que empezamos a librar, y que vamos a ganar. Porque aquí hay, y debemos decirlo, unas cuantas decenas de miles de parásitos que no producen nada y sin embargo se enriquecen. Por ejemplo, comprando y robando combustible. Muchos andan con la manguerita echando gasolina en los «almendrones» (autos norteamericanos de las décadas de 1920 a 1950), y recibiendo un dinerito del nuevo rico que ni siquiera quiere pagar la gasolina que consume. Hay un desorden general en eso, entre otras cosas, con pérdida de decenas de millones de dólares... ¿Cómo se explica que haya tenido que intervenir usted personalmente? ¿Por qué el método habitual del recurso a la crítica colectiva y a la autocrítica no funcionó? Nosotros confiábamos en la crítica y en la autocrítica, sí. Pero eso se ha casi fosilizado. Ese método, tal como se estaba utilizando, ya casi no servía. Porque las críticas suelen ser de un grupito; nunca se acude a la crítica más amplia, a la crítica en un teatro por ejemplo. Si un funcionario de salud pública, por citar un caso, falseó un dato acerca de la existencia del mosquito Aedes aegypti, se le llama, se le critica. Bien. Pero conozco a algunos que dicen: «Sí, me autocritico», y se quedan tan tranquilos, ¡muertos de risa! Son felices. ¿Y todo el daño que hiciste? ¿Y todos los millones que se perdieron como consecuencia de ese descuido o de esa forma de actuar? Hay que ir a la crítica y a la autocrítica en el aula, en el núcleo y después fuera del núcleo, en el municipio, y en el país. Debemos utilizar esa vergüenza que sin duda tienen los hombres, porque conozco a muchos hombres justamente calificados de «sinvergüenza», que cuando en un periódico local aparece la noticia de lo que hicieron, se llenan de vergüenza. En esta batalla contra vicios no habrá tregua con nadie, cada cosa se llamará por su nombre, y apelaremos al honor de cada sector. Al final, los que no quieran entender se van a autocorregir, pero de otra forma; sí, se van a embarrar con su propia basura. De algo estamos seguros: en cada ser humano hay una alta dosis de vergüenza. Y el primer deber de un revolucionario es ser sumamente severo consigo mismo. Vamos a dar la batalla, y a usar ahora proyectiles de más calibre. La Revolución tiene que usar esas armas, y las va a usar si fuera necesario. La Revolución va a establecer los controles que sean necesarios. No somos un país capitalista, en que todo se deja al azar. ¿Piensa usted que las dificultades y las carencias del «período especial» han favorecido los hábitos de corrupción y de robo? Sí. Aunque el robo de materiales y de recursos no es de hoy, o del período especial. El período especial lo agudizó, claro, porque creó mucha desigualdad e hizo posible que determinada gente tuviera mucho dinero. Pero no es nuevo. Recuerdo que, hacia 1990, aún no se había autodestruido la Unión Soviética, estábamos construyendo en Bejucal (en las afueras de La Habana) un centro de biotecnología muy importante. Y cerca de allí había un pequeño cementerio. Yo daba vueltas, y un día fui por el cementerio, y me encontré con un colosal mercado clandestino donde aquella fuerza constructiva, sus jefes y un gran número de constructores, tenía un mercado de venta de productos: cemento, cabilla, madera, pintura, todo cuanto se usa para construir... ¿Cuánto se han robado aquí, hasta en fábricas? Fábricas que, por ejemplo, producen medicamentos. Conozco una por La Lisa (un barrio de La Habana) donde tuvieron que sacar al administrador y a mucha gente, casi cien personas en total... Estaba comprometida la propia administración de esa fábrica y un montón de gente en el robo de medicamentos. Cien tuvieron que sacar: busca a este y al otro para sustituirlos. No es suficiente el despido, ni será la única solución. Vea qué nivel de arraigo tienen determinados vicios. Cómo se despilfarraba, cómo se desviaban recursos, cómo se robaba. ¿Cómo se explica usted todo eso? Aquí, con el período especial se originaron desigualdades profundas. Qué amargura el día en que se crearon las tiendas en divisas, para recoger un poquitico de aquel dinero que algunos recibían del exterior, y para que lo fueran a gastar en esas tiendas, que tenían un precio alto, para recoger parte de ese dinero y poder redistribuirlo a los demás que no recibían nada, cuando el país estaba en condiciones muy difíciles. Además, algunos ganaban, en un mes, cuarenta o cincuenta veces lo que gana uno de nuestros médicos que está en las montañas de Guatemala o en otros lugares distantes de África, o en Cachemira, a miles de metros de altura, en las cordilleras del Himalaya, salvando vidas. Y estos médicos ganan el 5 por ciento, el 10 por ciento de lo que gana un ladronzuelo que vende gasolina a los nuevos ricos; que desvía recursos de los puertos en camiones y por toneladas; que roba en las tiendas en divisas; que roba en un hotel de cinco estrellas, a lo mejor cambiando la botellita de ron por una que se buscó, la pone en lugar de la otra y recauda todas las divisas por las que vendió los tragos que pueden salir de una botella de un ron más o menos bueno. ¿Cuántas formas de robo hay en este país? Parece que donde más se robaba era en las gasolineras. Mire, comenzamos por Pinar del Río para ver qué pasaba con los servicentros que venden combustible en divisas. Y pronto se descubrió que lo que se robaba era tanto como lo que se ingresaba. ¡Robaban casi la mitad! Y en algunos otros lugares, ¡más de la mitad! En La Habana muchos aprendieron a robar como locos. Si le hago la historia de todos los servicentros de la capital, usted se asombra; hay más del doble de lo que debería haber, es un caos. A cada ministerio le dio la gana de poner el suyo, y reparte combustible por aquí y por allá. En los Poderes Populares el desastre es universal, el caos. Y, además, todos los camiones más viejos, los que más gasolina gastan, se los dieron al Poder Popular. Cuando parecía que el uso de los camiones se estaba racionalizando, en realidad se estaba hipotecando al país para todos los tiempos. Porque algo que se sabe es que muchos de los camiones del Estado van por un lado y por otro que no tienen nada que ver con su trabajo normal. Y el que más y el que menos se va con el camión a ver a un pariente, un amigo, una familia, o la novia. Ya dentro de poco, con los instrumentos de la técnica (localizadores de Sistema de Posicionamiento Global, GPS), como se está haciendo en muchos países desarrollados, se podrá saber dónde se encuentra cada camión, en cualquier lugar, en cualquier calle. Nadie podrá escapar en el camión e ir a ver a la tía, al otro, a la novia. No es que sea malo ver al familiar, al amigo o a la novia, pero no en el camión destinado al trabajo. Recuerdo una vez, varios años antes del período especial, que vi, rápido, por la Quinta Avenida de La Habana, un flamante cargador frontal Volvo, casi acabado de comprar, que en aquella época valía unos cincuenta o sesenta mil dólares. Sentí curiosidad de saber para dónde iba a aquella velocidad, y le pedí al escolta: «Aguanta, pregúntale a quién iba a ver, que te diga con franqueza». Y el conductor confesó que con aquel Volvo, que corría a toda velocidad por la Quinta Avenida, iba a visitar a la novia... Cosas veredes, Mío Cid. Pues cosas como esas han estado ocurriendo. Y, en general, lo sabemos todo, y muchos pensaban: «La Revolución no puede arreglarlo; no, esto no hay quien lo arregle». Pues sí, esto lo va a arreglar el pueblo, esto lo va a arreglar la Revolución. ¿Cómo? Primero que todo es una cuestión ética. Yo he pensado mucho en el papel de la ética. ¿Cuál es la ética de un revolucionario? Todo pensamiento revolucionario comienza por un poco de ética. Pero, además, es una cuestión económica vital. Este es uno de los pueblos más derrochadores de energía eléctrica y combustible del mundo. Aquí nadie sabe lo que cuesta la gasolina, nadie sabe lo que cuesta la electricidad, nadie sabe el valor que tienen en el mercado. Hasta las casas terminamos regalándolas. ¿Puede Cuba resolver su problema de vivienda regalando casas? Algunos las compraban, eran dueños, habían pagado 50 pesos mensuales, 80 pesos, bueno, al cambio, si se lo mandaban de Miami, ¡eran como tres dólares! Al final de los años la habían pagado con menos de 500 dólares, y algunos las vendían por 15 mil, 20 mil dólares... ¿Y quién las compraba? ¿El proletario? ¿El humilde? Había muchos humildes que recibieron la casa regalada y la vendieron después al nuevo rico. ¿Es eso socialismo? Lo que es paradójico, aunque sea legal, es que los cubanos que reciben divisas del exterior tienen mayores ventajas que los ciudadanos que no tienen a nadie en el extranjero. Y eso ha creado descontento. Sí, pero fíjese la incoherencia, esas ventajas las tienen sobre todo gracias a las subvenciones que da el Estado. Por ejemplo, ¿qué hacen los que están afuera hoy con un dólar? Lo envían para acá... Yo tengo familiares a los que les envían. No tengo nada que ver con eso. Un día preguntamos y hay provincias donde el 30 por ciento o el 40 por ciento de la gente recibe algo del exterior, aunque sea un poquitico. Pero es tan buen negocio enviar un dólar, ¡tan buen negocio!, que pudieran arruinarnos perfectamente enviando dólares. Por el enorme poder de compra que tienen esos dólares en un país bloqueado, con productos racionados sumamente subsidiados, y servicios gratuitos o extraordinariamente baratos. ¿Cuánto gasta el pueblo de Cuba, por culpa de ese dólar que enviaron de allá? Porque este no es un dólar que tú te ganaste trabajando aquí. Te lo envían de allá, alguien que se fue de aquí saludable, todo lo que estudió fue gratuito desde que nació, no está enfermo, son los ciudadanos más saludables que llegan a Estados Unidos. Bien, para subsidiar ese dólar que enviaron de Estados Unidos, Cuba se gasta, en cambio, en término medio, unos 44 dólares. Está estudiado. Este es un noble país, subsidia los dólares de aquellos que están allá, que te van a decir: «Mira, te voy a enviar dos dólares para electricidad subsidiada. Mira, te voy a enviar además un refrigerador, o te voy a dar dinero para que lo compres en la shopping». Después prosigue el generoso remisor de dólares: «No te ocupes, que te voy a enviar lo que necesitas, yo te garantizo los 300 kilowatts de electricidad subsidiada que tú le estás gastando a ese idiota de Estado socialista». Nosotros somos buenos, pero puede haber algún ciudadano que pueda pensar, con toda razón, que somos bobos. Tendría una parte de la razón, ¡cuidado! Recuerdo cuando, analizando el asunto del gasto eléctrico, descubrimos que un paladar consumía 11 mil kilowatts al mes, y este Estado idiota subsidiaba al dueño, al que tanto gustaba a los burgueses llevar visitantes para que vieran cómo sabían la langosta y el camarón, como milagro de la empresa privada. Todo eso robado por alguien que se lo llevó de Batabanó; y cuatro o cinco sillitas. ¡No!, desde luego, este «Estado totalitario, abusador», es «enemigo del progreso», porque es enemigo del saqueo. Entonces, el Estado estaba subsidiando al paladar con más de mil dólares cada mes. Esto lo supe porque pregunté cuánto gastaba, cuánto valía, y él pagaba la electricidad a precio subsidiado. ¡11 mil kilowatts! Creo que después de rebasar la cifra de 300 kilowatts, pagaba 30 centavos de peso por kilowatt. Él pagaba 3 mil pesos cubanos, o sea unos 120 dólares. Pero al Estado le costaba —aquella vez hice el cálculo a 10 centavos de dólar el kilowatt—, cada mes 1.250 dólares. Eso es libertad de comercio, eso es progreso, eso es desarrollo, eso es avance... ¿Y qué van a hacer ustedes? ¿Van a suprimir las subvenciones? No, pero ya hemos subido las tarifas eléctricas de los que más consumen. Para desalentar el exceso de consumo de los que despilfarran, sea cual sea su status económico actual. Por otra parte, hay que ir desprendiéndose poco a poco de las políticas de subsidios que hoy pueden actuar como lastre. Por eso, desde ahora, subsidios o gratuidades, solo en cosas esenciales y vitales. No se cobrarán servicios médicos, ni educacionales, ni servicios similares. Pero habrá que cobrar la vivienda. Veremos cuánto. Puede haber algún subsidio, pero lo que se pague de alquiler en un número de años tiene que acercarse al costo de la vivienda. Todo está a nuestro alcance, todo pertenece al pueblo, lo único no permisible es despilfarrar riquezas egoísta e irresponsablemente. Cero derroche. También vamos creando las condiciones para que la libreta desaparezca. Vamos creando las condiciones para que esa libreta que resultó indispensable en unas condiciones, y que ahora estorba, se cambie. Sin cometer un abuso, sin matar a nadie de hambre, solo con sencillísimos principios: la libreta tiene que desaparecer. Por otra parte, algunos salarios y pensiones, los más bajos, se han subido. Los que trabajan y producen recibirán más, comprarán más cosas; los que trabajaron durante décadas recibirán más y tendrán más cosas. Muchos abusos se acabarán. A muchas de las desigualdades se les irá quitando el caldo de cultivo, las condiciones que permiten eso. Cuando no haya nadie que tenga que ser subsidiado, habremos avanzado considerablemente en la marcha hacia una sociedad justa y decorosa. Usted está reconociendo ciertos errores, en este aspecto, de la Revolución. Algunos, en el exterior, se van a alegrar, y puede que aquí otros consideren su crítica como demasiado dura. Es duro, pero lo digo. Y lo diré las veces que tenga que decirlo. No tengo miedo de asumir las responsabilidades que haya que asumir. No podemos andar con blandenguerías. Que me ataquen, que me critiquen. Sí, muchos deben estar un poco doliditos... Debemos atrevernos, debemos tener el valor de decir las verdades. No importa lo que los bandidos de afuera digan y los cables que vengan mañana o pasado comentando con ironía... Los que ríen último, ríen mejor. Y esto no es hablar mal de la Revolución. Esto es hablar muy bien de la Revolución, porque estamos hablando de una Revolución que puede abordar estos problemas y puede agarrar al torito por los cuernos, mejor que un torero de Madrid. Nosotros debemos tener el valor de reconocer nuestros propios errores precisamente por eso, porque únicamente así se alcanza el objetivo que se pretende alcanzar. Para combatir los robos, en particular en las gasolineras, ustedes están recurriendo a los jóvenes trabajadores sociales, ¿no? Sí. Esos problemas están siendo atendidos seriamente, no se imagina usted con cuánto entusiasmo, por los jóvenes trabajadores sociales. Ya están realizando numerosas tareas. Yo jamás en mi vida había visto tanto entusiasmo, tanta seriedad, tanta dignidad, tanto orgullo, tanta conciencia del bien que le van a hacer al país. Hoy los trabajadores sociales ya están en las refinerías, se montan en un carro pipa de 20 mil ó 30 mil litros, y van viendo, más o menos, por dónde va el carro-pipa, cuál se desvía... Por ahí se han ido descubriendo servicentros privados, ¡alimentados con el combustible de los piperos! Se van a emplear, de ser necesario, los 28 mil trabajadores sociales que hay en el país. Parte de los cuales ya están trabajando en la creación de células contra la corrupción. Alrededor de cada punto a observar: una célula. Allí hay también miembros de la Juventud, de las organizaciones de masas, combatientes de la Revolución... Y más vale que los que andan desviando gasolina se aconsejen, y no tengamos que descubrir, punto por punto, cuánto combustible está robando cada cual. A veces las brigadas de trabajadores sociales tuvieron que actuar por sorpresa, con rapidez, disciplina y eficiencia. Con impactante acción. En la ciudad de La Habana, por ejemplo, fueron miles y movilizamos otros miles como reserva. Llegaron, y de repente en La Habana los servicentros comienzan a recaudar el doble. ¿Por qué los empleados que estaban antes no recaudaban más? Tuvieron que llegar los trabajadores sociales allí. Dije: «¿Será posible que no escarmienten y no se autocorrijan?». La Habana se ha convertido en una espectacular escuela donde se aprende lo que hay que hacer, y los trabajadores sociales cada vez saben más. Estamos dispuestos a emplear los 28 mil, y los 7 mil que están estudiando. Si no alcanzan, desde ahora le digo que nos reunimos con los estudiantes de la Federación Estudiantil Universitaria, y buscamos otros 28 mil estudiantes y, en pareja, con los trabajadores sociales que ya van adquiriendo experiencia, los movilizamos. Y si 56 mil no alcanzaran, buscamos otros 56 mil de refuerzo. Nosotros les vamos a enseñar a los corruptos lo que es progreso, lo que es desarrollo, lo que es justicia, lo que es ponerle fin al robo. Con el apoyo más decidido del pueblo. Nuestra sociedad va a ser en realidad una sociedad enteramente nueva. Ya no habrá muchos que digan: «Esto no se puede arreglar», «esto no se acaba nunca». Junto con el pueblo, estaremos demostrando que sí se puede. Debemos estar decididos: o derrotamos todas esas desviaciones, o moriremos. Tomado de Juventud Rebelde
http://www.jrebelde.cubaweb.cu/

Sunday, May 21, 2006

Che Guevara




Disponible en el sitio de la embajada de Cuba en España el capítulo “Che Guevara” del libro de Ignacio Ramonet, "Fidel Castro. Biografía a dos voces", publicado en Cuba bajo el título de “Cien horas con Fidel”
http://emba.cubaminrex.cu/Default.aspx?tabid=5503

Saturday, May 20, 2006

Cien horas con Fidel: valladar a calumnias contra Cuba


Excelente articulo publicado por Prensa Latina

En uno de sus párrafos señala:
“El volumen Cien horas con Fidel, editado por la Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado de Cuba, captura en 715 páginas episodios esenciales de la isla y el mundo en el siglo XX y lo que corre del XXI, a partir de análisis apegados a la verdad histórica.

http://www.prensalatina.com.mx/article.asp?ID=%7BFE04B4B3-4E38-4109-BB24-141C6872CCA6%7D)

intervención de Belén Gopegui en la presentación del libro “Fidel Castro: biografía a dos voces”


Si yo quisiera permanecer en casa, viendo pasar por la televisión cadáveres de miles de personas que no son mis enemigos. Si quisiera esperar hasta que un día el agua de los barrios marginales de Madrid salga marrón del grifo, y contaminada, y haya que poner verjas como las de Melilla en las calles del centro. Si no me importaran nada el futuro, ni el presente, ni la justicia, ni el frío ni morirse, entonces sé bien qué haría con este libro: Miraría el índice, hojearía un par de capítulos, buscaría dos o tres frases normales y corrientes que, a ser posible, no me gustaran y volvería a cerrarlo, y no tardaría ni dos segundos en convencerme a mí misma de que ya lo había leído”.Si yo creyera que Fidel Castro es un loco, un maniático, un hipnotizador de multitudes y la revolución cubana un espejismo que en realidad no existe, cuatro generaciones y los famosos logros y las personas que han estudiado allí y todo lo que se ha hecho pero también todo lo que ese país no ha hecho, lo que no ha traicionado, las causas que no vendido, los principios que no ha pisoteado, si yo creyera que todo eso es en realidad fruto de los delirios de un solo hombre, de un ogro, por mejor decir, entonces también sé lo que haría con este libro. Sacaría tres frases de contexto, buscaría un error, elegiría una anécdota que me hubiera chocado y resumiría las seiscientas páginas del libro en esas tres frases, ese error, esa anécdota chocante, y tampoco me costaría nada convencerme a mí misma de que ya lo había leído. A veces preferí quedarme en casa, viendo pasar cadáveres, a veces quise pensar que todo este asunto de la revolución y la dignidad humana era un gran equívoco y que nada puede hacerse. Pero las personas somos animales políticos, llevamos el futuro en las yemas de los dedos y si podemos traicionar nuestros principios es porque alguna vez hemos tenido principios, y si nos encontramos un libro como Fidel Castro, biografía a dos voces nos cabe la oportunidad de leerlo entero, capítulo a capítulo, porque en bien pocas ocasiones la inteligencia de la especie humana aparece condensada en un libro dibujando la senda por donde esa especie podría transitar.Al hilo de las preguntas de Ignacio Ramonet, se desgrana en el libro el proceso de formación de un revolucionario y el aprendizaje que se deriva de cada uno de los planes que Fidel Castro, nunca solo, emprende en busca de un país en donde llegue a “parecer inconcebible”, cito, “un abuso, una injusticia, una simple humillación”. Pregunta a pregunta, capítulo a capítulo, la historia de la revolución cubana se entrelaza con asuntos tan cruciales como la función del marxismo, el valor de la estrategia, el azaroso pero ineludible papel de los factores subjetivos, el mantenimiento de una conducta a lo largo de todo el tiempo, el control y el autocontrol, las sorpresas, las cosas que se van descubriendo en el camino y que vuelven, cito, “el problema de la construcción de una sociedad nueva mucho más difícil de lo que pueda parecer”.Una de las formas de ver que la revolución cubana existe de verdad, que no es un espejismo ni un capricho, consiste en comprobar hasta qué punto la historia de los últimos cincuenta años pasa por ella, y hay décadas enteras en las que nuestra reconstrucción del siglo veinte puede olvidar la existencia de Paraguay, de Perú, de Sudáfrica, de Nicaragua, aun de Chile, pero cuando la historia obliga a detenerse en Chile entonces tiene también que pasar por Cuba, o cuando obliga a detenerse en Sudáfrica o en la Unión Soviética o en Nicaragua, o en Venezuela, entonces también es preciso detenerse en Cuba. Esa historia compartida se entrevera en el libro junto al pulso diario de la isla con el imperio de los Estados Unidos. No pretendo, sin embargo, carecería de sentido, condensar ahora cada una de las cuestiones que se tratan en la obra, y voy a limitarme a abordar tres. Empezaré de fuera a dentro, de lo que rodea al libro a su interior. Hoy, en 2006, rodea la aparición de este libro, entre otros hechos, el resurgir de la izquierda en América Latina. Y es la existencia de Cuba, la permanencia de su revolución la que permite, de algún modo, ese resurgir. Durante décadas ha habido en América Latina escarmientos, castigos brutales para aquellos pueblos que quisieron ser realmente de izquierdas. El escarmiento persigue que alguien no vuelva a cometer la falta por la que se le castiga, la falta de aspirar a la justicia, a la soberanía, a la igualdad. Si los pueblos han vuelto a cometerla es también porque Cuba les ha permitido vencer el miedo, porque se ha alzado frente al castigo y lleva más de cuarenta años alzada, de pie. De manera que este libro aparece cuando el ejemplo de Cuba y su apoyo simbólico y diario, minucioso, a los proyectos de izquierda en América Latina, empieza a germinar.En los días más oscuros, como en los días más claros, la historia que se cuenta en este libro va a permanecer. Pero siendo tantas y tan cotidianas las mentiras que sobre Cuba divulgan en España las empresas privadas de difusión, es bueno e importante que, cuando menos, algunos hechos inocultables acompañen su lectura. Es bueno que el libro se lea no con el sonido de fondo de la campaña mediática desatada contra Cuba en el año 2003, sino con la pregunta de fondo que amanece ahora, la pregunta sobre por qué los hombres y las mujeres no se rinden, no sucumben y vuelven después de diez, veinte, treinta años a luchar otra vez para que la educación, la sanidad, la cultura, sean comunes y no se otorguen en distintas dosis a quienes disfrutan de más o menos privilegios.La segunda cuestión tiene que ver con el, digamos, formato del libro. No con la parte editorial del formato que es clara al presentarse bajo el rótulo Biografía a dos voces, sino con el formato imaginario que se superpone o va a superponerse en la lectura de quienes, en vez de asistir a una larga conversación con Fidel Castro, quisieran asistir a un interrogatorio, dicha esta palabra con todas las connotaciones que remiten a un juicio y al momento en que la presunción de inocencia ha derivado hacia la presunción de culpabilidad. No es este libro un interrogatorio. Hay en él preguntas incisivas o incómodas pero no es un interrogatorio y debo decir que, al menos yo, ya estoy un tanto cansada de que se interrogue, presumiendo culpabilidades, a la revolución cubana. A veces me ocurre como a aquel antropólogo mexicano, quien vino a España y trataba de explicar el asombro que le producía tener que defender esa revolución. Desde numerosos lugares de México y de América Latina, decía –y también, por cierto, de España, digo-, Cuba no es algo que haya que defender o cuestionar: Cuba es sencillamente un horizonte, un país sin desempleo, sin mendicidad, sin mafias, con un número de profesionales, hombres y mujeres, altísimo, un país sin explotación infantil, sin desaparecidos, con un nivel de cultura y educación que en muchos casos supera la media europea. A aquel antropólogo mexicano le pedían que defendiera Cuba y era como si le pidieran que defendiese la salud frente a la enfermedad, voces soliviantadas le desafiaban exigiéndole que se atreviera, que fuera capaz, que osara defender y argumentar ante ellas en voz alta que la salud era mejor que la enfermedad. Muchos y muchas compartimos el desconcierto del antropólogo por el hecho de que siga habiendo interrogatorios en donde se pide a los presuntos culpables que justifiquen por qué la salud es mejor que la enfermedad.Otros son, en fin, los interrogatorios que quisiéramos hacer y, por lo que respecta a la revolución cubana, saludo la existencia de un libro en donde Fidel Castro explique, cuente, diga de vez en cuando simplemente cómo fueron las cosas en vez de tener que estar en todos los momentos desmintiendo infundios. Esto no significa que se eludan preguntas incómodas, que Ramonet eluda abordar si Fidel Castro es o no un dictador, o las circunstancias en qué ha sido aplicada en Cuba la pena de muerte, o si el consumo de bienes en la isla es tan irresponsable como en una ciudad europea, o es prudente, o es escaso. Lo que significa es que, aun con estas y otras preguntas incluidas, el libro sobre todo es una conversación, y agradezco desde aquí a Ignacio Ramonet que en este tiempo de experiencias virtuales anodinas vaya a permitir a muchas personas pasar varias horas virtuales con un personaje histórico fundamental.La cuestión del personaje es la última que abordaré. Habiéndose elegido a una escritora para presentar este libro habrá quien haya pensado que mi tarea acaso consistiría en dar pábulo a la novela, o las novelas, que contiene el libro. Y hay en efecto muchas novelas dentro de él pero lo que hace imprescindible al protagonista del libro no es, a mi parecer, lo novelesco, sus cualidades extraordinarias, las cosas que le singularizan. Pues cualquier adjetivo que se aplicara a estas cualidades “no tendría importancia”, cito, “si uno no cree que hombres como él existen por millones y millones y millones en las masas. Los hombres que se destacan de manera singular no podrían hacer nada si muchos millones, iguales que él, no tuvieran el embrión o no tuvieran la capacidad de adquirir esas cualidades”. Estas palabras que Fidel Castro dice en relación a la lección que deja Che Guevara le son también aplicables, pero son además, a mi entender, la espina dorsal del libro, el núcleo de una teoría y una práctica que irá aflorando en diferentes momentos.Los factores subjetivos median en los acontecimientos y pueden cambiar la historia, pueden acelerar el progreso o atorarlo. El factor subjetivo Fidel Castro sin duda medió en el hecho de que pudiera llegar a producirse y durar y no ser decapitada la revolución cubana. Pero al mismo tiempo el alimento de ese factor subjetivo, la vida que lo impulsa y que permanecerá es, precisamente, la creencia en el ser humano, en su capacidad de, cito de nuevo, “concebir las más nobles ideas, albergar los más generosos sentimientos y, superando los poderosos instintos que la naturaleza le impuso, dar la vida por lo que siente y lo que piensa”.Llama la atención a lo largo de este libro que el sentido del humor de Fidel Castro se ha replegado, como si voluntariamente Castro hubiera querido retirarlo a un quinto, sexto o séptimo plano. Como si hubiera querido retirar los rasgos más personales dejando en cambio sólo lo común, lo que se puede explicar, la experiencia transmisible, no el yo privado sino el nosotros y nosotras. Hay en el libro nociones de estrategia, análisis del estado actual del capitalismo que ya no es, se nos dice, ni siquiera capitalismo, hay indicaciones y sugerencias y diagnósticos. Dijo Bertolt Brecht de Lenin: “El hecho de haber acertado muchas veces daba, sin duda, peso a sus consejos; a pesar de todo, seguía acompañándolos de razones”. Creo que también habría aplicado esas palabras a Fidel Castro. En el libro están los consejos y las explicaciones. Están cinco páginas estremecedoras que responden a la pregunta sobre qué argumentos opondría Castro a quienes acusan a la revolución. Estremecedoras porque, junto con los argumentos, Fidel Castro opone los actos, los hechos, pues a estas alturas de la historia y por encima de todos los libros la revolución cubana ha escrito con los actos, que no se borran nunca. Y opone Castro, por cierto, también las cifras. Las cifras, ya se sabe, son frías y no recogen la realidad entera de las cosas. Pero, no es malo recordarlo, la vida de los 28 niños por cada mil que en Guatemala podrían no haber muerto si ese país hubiera tenido la misma mortalidad infantil que Cuba, esa vida tal vez no hubiera sido fría ni incompleta, sino completamente cálida.
No obstante, cuando el libro se cierra, aún por encima de todas estas cosas, va escribiéndose en el cuerpo una certeza, cito: “Yo parto de una confianza grande en que este ser humano, con todos sus defectos y limitaciones, tiene capacidades suficientes para preservarse y tiene inteligencia suficiente para mejorarse. Yo, si no creyera eso, no lucharía”, fin de la cita. Por esa certeza vale la pena luchar. Y porque da vida, sentido y existencia histórica a esa certeza vale la pena no saltarse páginas de este libro. Para terminar acudo de nuevo a Bertolt Brecht: “Cuando no hay respuesta”, dijo, “cesan las preguntas”. Nos cabe hoy agradecer a Ramonet que haya formulado las preguntas, y nos cabe también pedir a la revolución cubana y a Fidel Castro que sigan dando respuestas para que la humanidad no cese en su pregunta de cómo mejorar.Muchas gracias por su atención.
Tomado de: inSurGente.org
http://www.insurgente.org/modules.php?name=News&file=article&sid=4807

Friday, May 19, 2006

Cien horas con Fidel


“Cien horas con Fidel” interesante libro, que sin lugar a dudas demuestra la verdad sobre Fidel Castro, profunda reflexión que le da la oportunidad al mundo de conocer sin dudas a una de las más grandes personalidades del siglo XX y lo que va del XXI.
Difunde una verdad que nadie puede cuestionar pues una persona se puede preparar para una entrevista de 4 horas pero no puede fingir durante 100.
El propio autor menciona en una entrevista “Para las nuevas generaciones europeas, mi libro será una puerta amplia a fin de conocer la personalidad de un hombre que, como Fidel, ha marcado parte del siglo XX, y que hoy continúa señalando rumbos hacia el futuro, a pesar de las calumnias que sus enemigos propalan sin tregua”